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Las virtudes correllianas, ¿qué son?

Publicado 05/11/2012 | Por Lady Harwe Tuileva

En la última sesión de chat tratamos con nuestros dedicantes y simpatizantes uno de los temas que más distinguen a nuestra tradición de las demás tradiciones wiccanas: las virtudes correllianas. Nuestras virtudes no son muy conocidas debido a que se las estudia en tercer grado, aunque son una parte importante de nuestra ideología a la hora, sobre todo, de formar grupos y de trabajar por la comunidad. Es por ello que nos animamos a escribir estas líneas, esperando que con ellas se nos conozca un poco más y se sepa por qué trabajamos como trabajamos.

¿Por qué tener virtudes correllianas, si ya existe la Rede?

Las virtudes correllianas no son una guía moral. No son, tampoco, una forma de sustituir la Rede. En cambio, son una forma de vivir, un estilo de vida, que promueve el equilibrio interno a nivel estrictamente personal, pero promoviendo que ese equilibrio interno se note a nivel de comunidad. Es la impronta que la tradición pretende hacer llegar a sus iniciados y creyentes.

Estas virtudes son nueve, un número altamente simbólico, a saber: Honestidad, Generosidad, Integridad, Valor, Servicio, Practicidad, Modestia, Compasión y Piedad. Estas virtudes están inspiradas en otras virtudes de origen clásico, y que también se basaban en el concepto de equilibrio en su ejercicio.

Las virtudes correllianas se han de tomar desde un punto de vista humano, es decir, sabiendo que es humanamente imposible trabajar de acuerdo con todas y cada una de estas virtudes, así como que se pueden “corromper” cuando las llevamos al extremo.

El equilibrio

La tradición incide en el equilibrio a la hora de cumplir con estas virtudes. ¿Por qué? Pues muy sencillo: porque si llevamos al extremo una de estas virtudes podemos estar llevando al otro extremo otras de ellas. Unas se equilibran a otras, con lo cual es importante tener en cuenta que el equilibrio no sólo es delicado, sino que desestabiliza el sistema completo.

¿Cómo es posible que una virtud pueda desestabilizarse? Pues porque sólo es virtud cuando se encuentra en el punto medio.

Existe la anécdota de un representante de una iglesia mayoritaria que fue a comer a un Parador de Turismo. Allí le sirvieron una comida magnífica y consistente prácticamente en manjares, al tratarse de un alto cargo eclesiástico. Como debía ser humilde, este religioso mezclaba toda la comida para que no le supiera agradable, de tal forma que se la comía completamente, pero sin disfrutar de su sabor. Al hacer esto, efectivamente, podía estar siendo más humilde que nadie por comerse algo que no estaba bueno, pero en realidad estaba cayendo en la soberbia.

Desde un punto de vista correlliano, esto se vería como una alteración de la piedad (entendida como piedad religiosa) que desestabiliza a la honestidad y la integridad. Y obviamente, esto no hace feliz a la persona: se está auto-engañando para dar una imagen de piedad ante los demás.

También, por ejemplo, se puede ser excesivamente modesto. Esto da lugar a una imagen pusilánime de la persona y a una falsa imagen de piedad (de nuevo), así como a graves problemas de autoestima. O también se puede ser excesivamente honesto y decir las cosas de una forma poco correcta. O ser demasiado generoso y acabar regalando hasta la vida si nos la piden. Se puede ser muy práctico y olvidarnos de todo lo espiritual, o demasiado poco práctico y centrarnos tanto en los “otros mundos” que nos olvidemos de nuestro plano físico.

Por todo ello, la tradición correlliana aboga por el equilibrio en el ejercicio de estas virtudes.

En conclusión

Somos humanos, es prácticamente imposible tener todas y cada una de estas virtudes en equilibrio. Pero sí es posible hacer una introspección de vez en cuando y comprobar dónde y por qué nos comportamos como lo hacemos. En realidad, el camino es de uno, y es uno quien debe mirar hacia adentro y ver qué está haciendo es uno mismo. Y tampoco hay que obsesionarse con las virtudes correllianas: son una guía, pero no son leyes inamovibles. Ante todo, tenemos en cuenta que somos humanos, que fallamos y que hemos venido a aprender, pero teniendo en mente que podemos hacerlo siendo lo más felices posible. La felicidad, en última instancia, es lo que persiguen estas virtudes.