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La iniciación Wicca como catarsis: ¿ritual o proceso?

Publicado 20/10/2012 | Por Lady Harwe Tuileva

Hay muchas preguntas acerca de la iniciación, sobre todo porque es algo desconocido para nosotros cuando no lo hemos vivido, y porque es natural y humano sentir miedo hacia lo desconocido. La gente se pregunta (y me preguntan) muchas cosas acerca de la iniciación: si se reciben poderes, si se puede uno llamar sacerdote, si se trata de un ritual publicable o si, por el contrario, ha de mantenerse en secreto, si le pegan a uno con un látigo… en todos los casos veo una sana tendencia humana en todo eso: el miedo y la expectación a partes iguales hacia algo desconocido y apasionante a la vez.

En los próximos días recibirán su iniciación dos de mis alumnos. Esto me hace sentir orgullosa e ilusionada, pues los tres hemos pasado mucho tiempo trabajando para que llegara este momento. Es la guinda del pastel de algo vital y muy bonito. Quiero aprovechar esta situación para reflexionar sobre este tema, tan tratado, menospreciado por unos y sobrevalorado por otros.

He de comentar que realizo estas reflexiones desde el punto de vista Correlliano y con lo que la iniciación en esta tradición conlleva. Espero que los lectores me comprendan.

“¿Recibiré poderes cuando me inicie?”: El (erróneo) concepto de iniciación como ritual milagroso

No sé de nadie que haya recibido poderes en el sentido hollywoodiense cuando se ha iniciado, ni de nadie que haya dejado de ser menos humano, ni que haya dejado a un lado todos sus vicios ni todos sus errores. Es el final de algo, pero no de nuestros defectos. Aunque nos iniciemos, la persona sigue siendo persona y no puede ni debe renunciar a eso: hemos decidido ser humanos en esta encarnación y debemos cumplir con ello. Y además el gran cambio se debe dar durante el proceso, cuando nos enseñan nuevos hábitos religiosos y relacionados con la vida en una nueva creencia. Para mí, por un lado la iniciación es el culmen de un año y un día (como mínimo) de trabajo. Es un final. Y desde un punto de vista personal es la parte más importante de la iniciación: el trabajo previo.

Pero a la vez tiene un sentido de comienzo. Se es iniciado cuando se conocen ciertos misterios y por ello la vida ya no volverá a ser la misma. Mientras estudiamos Wicca es como si volviéramos a estar en la tripa de mamá antes de nacer: estamos calentitos, aprendiendo a mover nuestras manos suavemente y a abrir y cerrar los ojos en la más completa oscuridad, oyendo tan sólo el murmullo de una voz que nos llega amortiguada por el líquido en el que flotamos. Y cuando estamos listos, salimos al mundo. Estudiar Wicca para convertirse en sacerdote es similar a estar gestándose: aprendiendo a ser humano durante un tiempo, seguro, calentito y feliz. Y un día llega el momento de salir. Sin embargo, en esos nueve meses hemos estado haciéndonos a nosotros mismos, desarrollándonos, igual que en Wicca debemos estudiar y prepararnos antes de salir al mundo como recién nacidos.

En definitiva, no se trata de que la iniciación nos otorgue poderes ni que nos arregle la vida, ni que nos haga más sabios. Es una experiencia, y como todas las experiencias tiene sus cosas positivas y sus cosas negativas. No debemos esperar salir de la iniciación con las facturas pagadas, los traumas olvidados y la vida amorosa en orden. No vamos a iniciarnos y a dejar de sentir ganas de fumar, por ejemplo. No vamos a curarnos de nada, ni mental, ni emocional, ni físico. Si esperamos esto, estaremos sobrevalorando el ritual y menospreciando el camino que nos llevado a él y con el que nos comprometemos a seguir, que es lo importante.

Más bien, este ritual se trata de una declaración de intenciones en la que decimos “a partir de ahora vivo según la creencia wiccana como sacerdote y me comprometo con mi propio crecimiento y el de mi comunidad, sabiendo que sigo siendo humano y haciendo lo que sea humanamente posible para ello”. El resto de lo que deba acontecer en el ritual nos pertenece a nosotros y debemos recordar que veamos lo que veamos, siempre hay que someterlo a una cuarentena antes de lanzarnos a interpretarlo. Por todas estas razones, hay personas que deciden acabar su grado pero sólo se inician cuando están completamente decididos a hacerlo. La iniciación no corre prisa. Se tiene que hacer como lo hacen los bebés: cuando, tras el tiempo de gestación, éste considera que ha llegado el momento de nacer, sólo entonces la mamá se pone de parto y comienza una nueva vida.

¿Qué hacer después de la iniciación?

Puede pasar que alguien se sienta mal por equivocarse, al considerar que eso no es propio de un iniciado, pero en realidad es inevitable como humanos que somos. Es por ello que algunas personas optan por trabajar en la sanación de la sombra, para lo cual puede ser una buena idea realizar meditaciones, buscar a alguien que lea registros akáshicos, trabajar con técnicas chamánicas como la recuperación de alma o trabajar con los guías espirituales de uno. El trabajo por la comunidad, aunque muy sacrificado, puede ser una forma de encontrarse a sí mismo muy efectiva: las personas nos devuelven destellos de nosotros que nunca habríamos comprendido o visto si no hubiera sido por ellos. Tras la iniciación, vuestra vida va a ir cambiando poco a poco, pero no debido al rito sino a vuestra declaración de intenciones. Notaréis cambios muy sutiles, pero están provocados no por el ritual en sí, sino por el trabajo que realicéis a posteriori. Recordad siempre que el camino es lo importante, que lo bueno es tener los pies en el sendero, y que como iniciados vais a caeros a veces para volveros a levantar. Y recordad que así es la vida siendo humano, y que tenéis todo el derecho a caeros y levantaros para poder aprender.

Felicidades, Estarlec y Owen. Un tierno beso de vuestra mentora.