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Comienza una nueva etapa en el Templo de Brigit

Publicado 24/04/2012 | Por Lady Harwe Tuileva

Para un devoto de Brighid, la guardia de Su llama puede ser un trabajo devocional sencillo. Se trata de mantener encendida una llama, por medio de una hoguera o una vela, en el lugar de devoción dedicado a la Diosa. La llama ha de permanecer encendida durante 24 horas, que es el tiempo que dura nuestra guardia personal.

Esta tradición se basa en el folklore popular relativo a la historia de la Diosa/Santa, la cual cuenta que existía una llama en Kildare (Irlanda) que era guardada por 19 mujeres, las cuales protegían por turnos esa llama y la mantenían encendida. Los ciclos de guardias eran, en realidad, de 20 días, pues el día 20 de cada ciclo era la mismísima Brighid la que guardaba su propia llama, haciendo que ésta nunca se apagara.

De estas sacerdotisas de Brighid se han dicho muchas cosas: desde que eran prostitutas sagradas hasta que eran santas o vírgenes. En realidad, la cultura celta no se inmiscuía en la sexualidad de las mujeres, y éstas eran libres de mantener relaciones sexuales con quien ellas quisieran, fuera de la labor de guardia que desempeñaban en el Templo. Por tanto, tampoco eran vírgenes ni santas, sino simplemente sacerdotisas.

No obstante, siempre eran mujeres las que se encargaban de Su llama. Es más, se dice que ningún hombre que entrara en el Templo de la Diosa lograría salir de él con vida. No había piedad con los que se atrevían a hacer la broma de traspasar el lugar sagrado, pues era un lugar destinado únicamente al culto femenino, y como tal debía ser respetado.

El cristianismo cambió la figura de las 19 sacerdotisas por 19 monjas que guardaban la llama de Santa Brígida (la Diosa también fue cristianizada, naturalmente) de la misma forma en la que antaño lo hicieran las mujeres que guardaban la llama en los tiempos de la Irlanda pagana. El Templo se convirtió en Abadía, y las religiosas que guardaban la llama se convirtieron en abanderadas de la femineidad en un mundo masculinizado. En este sentido, la autoridad de la abadesa de Kildare era superior a la de su homónimo masculino, continuando la tradición que había sido comenzada en tiempos precristianos, en la cual la figura femenina era más importante en lo que respecta a esta tradición.

Con el tiempo, la llama fue extinguida e incluso tildada de herejía, si bien no olvidada. Hubo muchos intentos de volver a encenderla, y muchas personas, en su mayoría religiosas cristianas, pusieron mucho empeño en mantenerse fiel a la tradición. Santa Brígida es la patrona de Irlanda, y por tanto la voluntad popular siempre se acababa imponiendo a lo comandado por el Vaticano. Con el despertar del Paganismo actual, dicha tradición fue recordada y actualizada como una práctica de profundas raíces paganas (como los mismos cristianos aceptaban), y la llama volvió a brillar de nuevo, uniendo en su seno a personas de diferentes credos que se unieron por la devoción común a los ideales que Brighid, ahora Diosa y Santa, representa. En la actualidad, miles de personas por todo el mundo, hombres y mujeres por igual, guardan la llama de Brighid en su hogar, en sus altares personales y en su corazón.

La guardia de la llama como acto devocional intenta recrear esta antigua tradición mediante la dedicación de un día completo cada 20 días para la comunión con esta Divinidad, así como se guarda una llama física y se procura que no se apague. En este día, el devoto se encuentra totalmente con Su divinidad patrona, haciendo trabajos creativos que son del agrado de esta Divinidad, estudiando sobre Ella o sencillamente en meditación profunda a la vez que vigila que no se apague Su llama.

Entre las actividades que se pueden realizar durante la guardia se encuentran: la escritura tanto de prosa como de poesía, la terapia sanadora, la meditación, la cocina, manualidades tales como creación de velas y bordado, la composición de temas musicales, y el canto o ensayo con instrumentos musicales. De estos últimos, están especialmente indicados los instrumentos de origen irlandés, como el Bodhrán, el tin whistle, el traverso irlandés, o el arpa irlandesa. El Bodhrán, al ser un instrumento de percusión, es especialmente bueno para entrar en trance si se sabe utilizar la técnica adecuada para ello, además de ser un instrumento especialmente dedicado a Brighid.

La guardia de la llama se puede establecer de forma individual, acordando un día para ello con la Divinidad, o mediante un cill o grupo de devotos que pueden turnarse durante esos 20 días. El número mínimo de miembros de un cill tiene que ser de 19 para que funcione correctamente. El mejor motivo para estar en un cill es la posibilidad de compartir las experiencias y anécdotas que puedan ir surgiendo. Cada miembro del cill enciende su llama justo al atardecer del día en el que empieza su guardia, y la apaga al atardecer del siguiente. Cuando ese primer devoto apaga la vela, la enciende el devoto que ocupa el segundo turno, y así sucesivamente.

La tradición de la guardia de la llama se ha actualizado a los tiempos modernos. Si durante nuestro turno no es posible dedicarnos a la llama durante 24 horas seguidas (por motivos de seguridad, o porque debamos dejar nuestro hogar para acudir al trabajo u otros compromisos) la vela se apaga y esas horas se han de recuperar más tarde. Hay personas que optan por encender “velas” de led, pero carecen de la misma magia y esfuerzo de la que consta la llama real, si bien es muy adecuado para lugares en los que hay niños pequeños o mascotas que puedan subirse a una mesa de altar y quemarse accidentalmente. Lo importante es mantener la luz encendida.

También ahora se permite que los hombres se unan a esta devoción. Existen cills mixtos en los que hombres y mujeres guardan la llama en sus respectivos turnos, aunque hay cills únicamente femeninos para las mujeres que desean que esta tradición sea lo más fiel a lo que era en origen, dentro de las características de nuestro contexto sociocultural.

La llama de Brighid no es sólo un símbolo de tradición, de inspiración y sincretismo religioso. Es, ante todo, un ejemplo de paz y convivencia entre creencias dispares que por una vez se unen para hacer llegar a la Humanidad un mensaje: que cuando todas las luces se apagan, siempre hay una que surge para iluminarnos.